¡Que bendición tenemos nosotros de tener entrada plena al lugar santísimo y poder hablar abiertamente con nuestro Dios!  

Esto fue logrado gracias al sacrificio perfecto que ofreció nuestro Sumo Sacerdote: Jesús. Por su sangre derramada, tenemos acceso libre hacia nuestro Padre Celestial. Podemos poner delante de El nuestras oraciones, peticiones, solicitudes, o simplemente derramar en adoración nuestro corazón delante de Él.

No hay horarios, no hay motivos específicos ni restricciones… ¡La puerta fue abierta, y siempre podrás elevar tu oración y tu adoración al Rey Eterno!