La santidad es un requisito para que podamos permanecer en la Presencia de nuestro Dios.

Su palabra claramente lo expresa en éste versículo. Debemos de ser santos como Él lo es, es decir, nuestra vestidura y nuestro corazón deben permanecer limpios, sin pensamientos de maldad, egoísmo, rencor, odio, deseos pecaminosos… La verdad debe vivir en nosotros.

¡Sin santidad nadie verá al Señor! (Hebreos 12:14)