Mejor es poco con justicia, que gran ganancia con injusticia.
Proverbios 16:8
Muchas veces el afán y la avaricia tientan al hombre a seguir caminos perversos con el propósito de hacerlos más ricos, poderosos o simplemente tener un estilo de vida más acomodado.
Estas cosas a la larga, terminan obsesionándonos, llenándonos de cargas, de estrés y desviándonos de las cosas realmente importantes: Nuestra relación con Dios, nuestra vida de oración, nuestro tiempo para la familia, entre otros.
No permitamos que la avaricia, el afán y la ansiedad nos desvíen de nuestros principios espirituales ni nos impulsen a realizar actos que vayan en contra de nuestra moral solo por unas cuantas monedas más.
La paz de Dios y una conciencia tranquila son mejor que las riquezas mal habidas.