A veces, queremos ver llegar las cosas que anhelamos o deseamos de manera instantánea. Solemos desesperarnos si las cosas no ocurren cuando queremos que ocurran, y pensamos que si no es así, Dios se ha olvidado de nosotros.

 ¡Pero nuestra incredulidad no invalida la fidelidad de Dios! Su Palabra nos enseña que Él cumplirá todo cuanto nos ha prometido, solo que debemos considerar que de Él es el tiempo perfecto. Debemos mantener viva nuestra fe sin desmayar,  y nuestra expectativa de que Él obrará a su debido momento.