Proviene el término hebreo “NABÍ” (“llamado [por Dios]” o “quien tiene una vocación [de Dios]”.

Alguien que primero recibía instrucciones de Dios y luego las transmitía a la gente. Estos 2 aspectos de su obra se reflejaban en los nombres con que se los conocía: vidente (jôzeh o rôeh) y profeta (nâbî). El 1º fue más común en el período temprano de la historia hebrea (1 S. 9:9). El término que se usa con mayor frecuencia es nâbî, pues lo designa como vocero de Dios. Como “vidente” discernía la voluntad de Dios, y como “profeta” la trasmitía a otros.