¡DIOS ES EXPERTO EN REPARAR LO QUE ÉL CREÓ!.

La palabra REPARAR proviene del latín reparare, cuyo significado es restaurar, preparar de nuevo, compuesto por el prefijo -re, que significa de nuevo y hacia atrás, y por el verbo –parare, que significa equiparar, procurar y preparar, por ello es claro que se trate de la restitución del estado o condición inicial de una situación u objeto.

Hay los que andan buscando objetos sucios, malogrados, rotos, para llevarlos a lugares especiales a fin de repararlos y hacer algo bonito y nuevo. Platos, tinajas, cerámicas rotas, fracturadas, sirven, porque se pueden reparar, y convertirse en objetos bellos, hermosos, y atractivos.

Para ser reparados por Dios, debemos tener en cuenta lo siguiente:

1.- Examinarnos y pedirle a Dios que también nos examine:

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad,Y guíame en el camino eterno. Salmos 139:23-24.

Examinarnos diariamente nos permite verificar cuales son las grietas en nuestra vida que necesitan ser reparadas.

2.- Reconocer que debemos ser reparados:

Cuando las circunstancias nos hacen tener actitudes anti-bíblicas, estamos saliendo de nuestro diseño original, entre ellos el pecado en cualquiera de sus manifestaciones. Cuando esto ocurre y no estamos actuando de acuerdo a nuestro diseño, necesitamos ser reparados.

3.- Tener una actitud de arrepentimiento y de humillación delante de Dios, reconociendo nuestra falta.

La Biblia enseña que Dios también valora nuestro quebrantamiento. Después de que David adulteró con Betsabé y tramó la muerte de su esposo, el profeta Natán lo confrontó y el rey se arrepintió.

Su oración posterior nos permite vislumbrar lo que Dios desea cuando hemos pecado: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú” (Salmo 51:16-17).

Cuando nuestro corazón está quebrantado por un pecado, Dios lo repara con el perdón que nuestro Salvador nos ofreció en la cruz. Nos recibe con amor cuando nos humillamos y restaura nuestra relación con Él.


4.- Reconocerlo como superior y como nuestro alfarero.

La Biblia dice en Jeremías 18, que Él es el alfarero, y nosotros somos el barro. La vasija, no da instrucciones al alfarero, simplemente, se deja moldear por Él.

Asimismo, nosotros debemos abandonarnos en las manos de nuestro alfarero, sin cuestionamientos, sin refunfuñar, sin dar sugerencias ni indicaciones y mucho menos murmuraciones.

Una misionera llamada Adelaida Pollard, vivió una situación donde Dios la había mandado de misionera a África pero ella no deseaba ir, sin embargo se abandonó en manos de Dios… y de allí nació el famoso Himno “Haz lo que quieras”.

La Palabra también nos dice en Romanos 9:20-21 lo siguiente:

Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

Y por último reconocer que Él es soberano sobre todas las cosas y que separados de él, nada podemos hacer, y que todas las cosas nos ayudan para bien a los que amamos a Dios (Romanos 8:28).

 “Separados de mí, nada podéis hacer” (Juan 15:5).