Cuando somos fieles a Dios, sabemos nuestra identidad. Conocer al Señor y a Su Palabra nos hace asumir el compromiso que tenemos con nuestro Padre Celestial.

La Biblia dice: Si me amas, guarda Mi Palabra, y, aquellos que le aman son capaces de dominarse a sí mismos con tal de agradar a Aquel que les amó primero y les predestinó para la Gloria Eterna.

El fruto de la templanza es manifestado cuando la persona vive en el Espíritu y bajo esta convicción de amor y de agradar a Dios pese a todas las tormentas por las que pueda estar atravesando. No desmaya en su fe aunque arrecien las aguas, porque saben en quien han creído.